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¡Que el mar no se lo lleve!

Hoy, en vísperas de la noche más pagana, traemos un comentario sobre las consecuencias de la celebración de San Juan.

Como en años precedentes, en muchos arenales del país se darán cita miles de personas para encender (y saltar) su hoguera, pero también para consumir una cena y sus correspondientes bebidas. Para ello, la logística de grupos y pandillas pasa por trasladar a la playa alimentos, utillaje y combustible para arder.

Ha sido tarde, pero en los últimos años, se está intentando minimizar las consecuencias de la fiesta, no sólo en materia de seguridad, sino también en lo concerniente a la generación de basura y su abandono. Son lamentables las imágenes del amanecer, y desde luego, mitigables. Se requiere control y educación, que todos pagamos en concepto de medios a disponer por los ayuntamientos.

Y más en la noche de mañana, donde se espera una pleamar importante que, caso de no actuar debidamente, amenaza con acabar la fiesta antes de tiempo y llevarse sus restos hacia el océano, ya de por sí cargado de desperdicios. Coordinación y educación para que los visitantes sean respetuosos y consecuentes, para evitar situaciones que luego salgan (nuevamente) en las noticias.

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Laboratorio de ideas sobre residuos

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