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Fast fashion, fast food, fast delivery… y el incremento exponencial de sus residuos

Residuos de fast food

A veces, conviene repensar los gestos más cotidianos. Haciéndolo, podremos encontrar el porqué de determinados comportamientos que no son, precisamente, ambientalmente responsables.

Comer, vestirnos, adquirir según qué cosas…, son actos cotidianos que realizamos en medio de nuestro día a día, en un estilo de vida capitalizado por:

  • La velocidad y la premura.
  • La fragmentación de las distintas actividades que llevamos a cabo.
  • Una identidad digital, a la que muchas personas dedican mucho tiempo y que viene definida, a su vez, por los dos aspectos anteriores.

El mercado ha potenciado la rapidez apelando a la comodidad. La prisa interesa por el estilo de vida que llevamos y que demanda respuestas veloces. Además, esta tendencia se está agudizando con la pandemia y algunos nuevos hábitos que han derivado de ella.

¿Pero qué supone todo esto en cuanto a la producción de residuos? ¿Lo tenemos en cuenta y somos conscientes de su importancia?

Para responder a esta pregunta, veamos cuál es el comportamiento de tres grandes cadenas de valor “fast”.

Fast food

En 2017, un estudio de Zero Waste Francia estimó que la cadena MacDonald’s utilizaba 2,8 toneladas de envases desechables cada minuto para servir a sus clientes en todo el mundo. Esto se convierte en más de 1,5 millones de toneladas de residuos de envases por año, lo cual equivale exactamente con la totalidad de envases domésticos que España envió a las plantas recicladoras el año pasado.

Además, según un artículo de la web Take Away Packaging publicado este mismo año, sólo en Gran Bretaña se estima que se generan unos 11 mil millones de toneladas de residuos provenientes del fast food al año. 

Según la publicación anterior, pareciera que las compañías que están detrás de esta producción masiva de residuos están por la labor de aplicar determinados principios de la economía circular, abogando por la sustitución de los envases de un solo uso, particularmente de plástico. De hecho, la Directiva (UE) 2019/904 del Parlamento Europeo y del Consejo de 5 de junio de 2019 relativa a la reducción del impacto de determinados productos de plástico en el medio ambiente y su próxima trasposición a la nueva ley estatal de residuos y suelos contaminados, marca obligaciones claras en este sentido, donde al margen de las sustitución de materiales, se enfatiza la reducción del consumo de determinados productos, como los vasos y recipientes alimentarios de plástico de un solo uso. 

Según este artículo de la web TreeHugger, la presión de organizaciones ambientalistas o de las comunidades ha logrado que las compañías de fast food estén dando algunos pasos hacia una gestión racional de sus residuos. Es decir, la iniciativa no habría partido de ellas mismas, sino que su responsabilidad ambiental y compromiso derivaría de la presión externa. 

En la misma línea, los consumidores, aunque motivados por el atractivo de estas cadenas de comida rápida, podrían reclamar medidas urgentes y efectivas que, al menos, minorasen los efectos de esta generación de residuos. Por ejemplo, su segregación selectiva en origen para facilitar una valorización posterior.

Otro modelo de gestión de residuos del fast food es posible. Así lo ejemplifica Taiwán. Según el artículo citado, desde 2004 ha exigido a sus 600 restaurantes de comida rápida, incluidos McDonald’s, Burger King y KFC, que mantengan instalaciones para la eliminación adecuada de los materiales reciclables por parte de los clientes. Así, los comensales están obligados a depositar su basura en cuatro contenedores separados para restos de comida, papel reciclable, desechos regulares y líquidos.

Por tanto, los productores del fast food son también grandes productores de residuos por lo que no se entiende que no se les exija cumplir una normativa de gestión de residuos clara y fácilmente comunicable. Además, algunas de estas cadenas distribuyen otros objetos para atraer a más clientes que nada tienen que ver con la comida, lo que significa otro flujo de residuos que no se atiende debidamente. ¿Para cuándo, pues, una política que aplique a este tipo de cadenas de comida rápida? 

Fast fashion

La producción textil es la tercera industria manufacturera más importante, después de la automoción y la tecnología. Este sector contribuye más al cambio climático que la aviación y el transporte marítimo internacionales juntos.

Otros de sus impactos ambientales, incluidos en un artículo de 2019 titulado “Tendencias en el textil y Economía Circular”, son que:

  • El 73% de los materiales utilizados para la ropa se envían a vertederos o se incineran. Además, las microfibras de plástico liberadas de la ropa en la lavadora están contaminando los océanos.
  • Menos del 1 por ciento del material utilizado para producir ropa es reciclado.

Por otro lado, un estudio de McKinsey de este año, estima que entre el 10% y el 20% del uso de plaguicidas en el mundo provienen de la industria de la moda. Y ya sabemos que los contaminantes de este tipo no ayudan, precisamente, ni a la salud ni a la economía circular.

Y, asimismo, en 2017, un estudio de Boston Consulting Group concluyó que la industria de la moda era responsable de la generación de 92 millones de toneladas de residuos, de los que 16 millones de toneladas corresponden a la UE. 

Con ese marco, se estimaba que más del 50% de la ropa fast-fashion se tira al año de su compra, lo cual estaría motivado por la rapidez de modas y tendencias. Además, de aquí a 2030, se prevé que el consumo mundial de prendas de vestir aumente un 63%, alcanzando los 102 millones de toneladas, equivalentes a más de 500.000 millones de camisetas adicionales. Con estas cifras, es difícil vislumbrar que la gran industria del fast fashion pase realmente de un modelo lineal a otro circular, si bien empieza a mostrar signos de sostenibilidad entre sus consumidores.

Ante este escenario, no es de extrañar que la nueva Directiva de Residuos y su inminente trasposición a la legislación española prevean para antes del 31 de diciembre de 2024 la obligatoriedad de su recogida separada, entendido como uno de los flujos de residuos prioritarios a atender y configurando un sistema propio de responsabilidad ampliada del productor. Sin duda, estas medidas influirán positivamente en racionalizar la puesta en el mercado de prendas de corto ciclo de vida y su conversión a residuo.

Una vez más, el poder de decisión es del consumidor, que puede optar por la compra de productos más duraderos y sostenibles o bien optar a otras formas de consumo de moda, como por ejemplo el alquiler o intercambio de prendas, como promueve la firma Mud Jeans.  Además, si se tuviese la intención de desprenderse de los artículos usados, existen iniciativas de las grandes cadenas de distribución para recogerlas y recuperarlas mediante su reciclaje.

Sin embargo, también se debe tener en cuenta que no todas las personas pueden permitirse estas formas más sostenibles de moda, al menos por ahora. Por lo tanto, además de concienciación sobre el consumidor, es necesario profundizar sobre la concienciación de las empresas fast fashion y que asuman su responsabilidad en toda su cadena de valor respecto a una racionalización y reducción de residuos en sus procesos de gestión. Y, probablemente, esto implique una transformación del propio modelo de negocio. ¿Habrá suficiente I+D+i para ello?

Fast delivery

En noviembre de 2019, desde el Laboratorio de Ideas sobre Residuos ya nos hicimos algunas preguntas sobre el impacto de las compras online respecto a la generación de residuos en el artículo titulado “Ventas on line: compras, emisiones, devoluciones y residuos”.

Uno de los aspectos importantes a recordar respecto a la gestión de los residuos es que este canal de compra “traslada al consumidor final la necesidad de desprenderse, en muchos casos, de ingentes cantidades de envoltorios, cajas, rellenos…, donde lo mejor que puede hacer es destinarlos a la reutilización o al sistema de recogida selectiva municipal.” Poniéndonos en situación, la propia pandemia que sufrimos, según un estudio de EAE Business School, ha hecho incrementar un 15% los residuos domiciliarios de empaquetado. 

En este mercado, el exponente más claro lo encarna Amazon, cuya meta es alcanzar las 0 emisiones netas de carbono, tal y como explica en su política de sostenibilidad, donde si bien hay una gran declaración de intenciones, lo que queda claro es que la mayoría de sus criterios y medidas se externalizan o se dejan a la voluntad del cliente.

Así pues, no parece que haya demasiado compromiso intrínseco con el potencial impacto de los residuos producidos en toda la cadena de distribución, devoluciones y materiales no vendidos incluidos, algunos de los cuales son destruidos, lo cual ha quedado evidencia en la investigación de ITV News recogida en el artículo “La cara menos sostenible de Amazon”. Eso sí, aunque queda claro que invierten en energías renovables y sus buenas intenciones de compensación, la gran pregunta a hacerse es si realmente es posible justificar la sostenibilidad a través de un sistema de compensaciones.

Una política de sostenibilidad creíble debe acompañarse también de una transparencia creíble que no solo haga alusión a buenas intenciones sino también a programas con objetivos concretos sobre los cuales poder monitorear los cambios que supuestamente está promulgando ésta o cualquier otra compañía en materia de sostenibilidad ambiental y economía circular.

En todo caso, el papel de los consumidores quedará limitado a la decisión de comprar online o no, de manera que se puedan reducir los residuos derivados de los embalajes y envoltorios de la compra realizada. Y, asimismo, las plataformas de distribución deben esforzarse en reducir este impacto y los derivados de los transportes indiscriminados de paquetería.

Conclusiones

Entre las distintas problemáticas ambientales a las que nos enfrentamos, probablemente la de los residuos sea de las más difíciles de abordar porque, en el “primer mundo”, es el resultado final de la economía lineal que impera.

A partir de ahí, la gestión de nuestros desechos es más o menos invisible a nuestros ojos, entre otras cosas, por la falta de concienciación hacia el problema, que a menudo dejamos recaer en los niños y en los jóvenes, cuando son los adultos quienes los generan. Por ello, difícilmente generaremos el nivel necesario de concienciación si no contamos con adultos, empresas y administraciones de una manera clara.

Por otra parte, hay una delegación de la responsabilidad en las empresas “fast” hacia los consumidores que hace que la compañía que más se beneficia se pueda desentender fácilmente, a menos que tome las riendas de una verdadera política de sostenibilidad que incentive u obligue a desarrollar un verdadero compromiso ambiental. Y este compromiso debe ser claro, comunicado y fácilmente contrastable, no basado en manifestaciones planas y eslóganes simplistas.

Aun cuando en estos modelos de negocio la clave es no detener la venta, debe considerarse articular cambios estructurales y entender que los recursos son finitos y que la generación de residuos, en conjunto, es abominable e inasumible. Los datos sobre la escasez de materiales son cada vez más frecuentes y alarmantes. Pero parece que no se quiera ver lo que hay. Seguir haciendo como si el problema no existiera.

Ojalá también ayude la rigurosa normativa que en estos momentos se está desplegando, especialmente la referida a la responsabilidad ampliada del productor, y se haga accesible, facilitando las herramientas y mecanismos para que todos los implicados puedan atenderla, incluidos los consumidores.

Fuentes:

Para fast food:

https://www.rfi.fr/es/ciencia/20170526-mcdonald-s-y-los-desechos-una-historia-poco-clara

https://takeawaypackaging.co.uk/fast-food-packaging-waste-statistics/

https://gastronomiaycia.republica.com/2020/02/27/cuanta-comida-se-desperdicia-en-los-restaurantes-de-comida-rapida/

https://www.tree-hugger8.net/slow-progress-recycling-fast-food-waste-1204147

Para fast fashion:

https://goodonyou.eco/fast-fashion-facts/

https://www.trvst.world/sustainable-living/fashion/fast-fashion-facts-statistics/

https://www.mckinsey.com/industries/retail/our-insights/state-of-fashion# 

https://www.keepbritaintidy.org/news/waste-less-live-more-slow-down-fast-fashion

https://www.cienciasambientales.com/es/noticias-ambientales/fast-fashion-inunda-basura-textil-planeta-16298

https://ambarplus.com/fast-fashion-y-contaminacion/

Para fast delivery:

https://www.laboratorioderesiduos.es/ventas-online-compras-emisiones-devoluciones-y-residuos/

https://www.elperiodico.com/es/activos/valores/20200818/comprar-online-insostenible-8079291

https://www.seahive.com/blog/how-much-waste-does-e-commerce-create

https://www.vox.com/the-goods/22214017/online-shopping-pandemic-packaging-ecommerce-waste-plastic

https://www.triplepundit.com/story/2016/growing-problem-e-commerce-waste/27971

https://www.xataka.com/empresas-y-economia/124-000-productos-destruidos-semana-asi-acaban-productos-devueltos-no-vendidos-amazon/amp?__twitter_impression=true&s=03

Publicado por

Laboratorio de ideas sobre residuos

Debate de ideas para el sector de la gestión de residuos

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