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Ignasi Puig Ventosa: “Reducir los residuos es antisistema”

Ignasi Puig Ventosa

Ignasi Puig Ventosa es socio fundador y consultor en ENT Environment and Management y la Fundació ENT. Cuenta con una dilatada experiencia en el diseño y evaluación de políticas económicas y fiscales en el ámbito de los residuos municipales (tasas de residuos, sistemas de pago por generación, impuestos sobre el vertido y la incineración, sistemas de bonificación-penalización, etc.) y ha promovido planes de residuos para entes locales, fomentando el diseño e implementación de sistemas de recogida selectiva puerta a puerta. Sus actividades en ENT se centran en el desarrollo de proyectos con un alto componente de innovación, adoptando siempre un enfoque preventivo y centrándose en qué podemos hacer para generar menos residuos y para gestionarlos mejor. En esta entrevista nos habla de temas como la fiscalidad de residuos, la economía circular o la polémica recogida puerta a puerta, y lamenta el papel secundario al que se ha visto relegada la prevención, lo que en su opinión refleja “el fracaso de la política comunitaria en materia de residuos”.

Recientemente tuvo usted la oportunidad de ser escuchado y participar en la elaboración de la Ponencia de Estudio del Senado en materia de residuos. Junto a otros expertos de reconocido prestigio, se analizó la trayectoria de España en materia de residuos en los últimos años así como las vías para conseguir los objetivos a alcanzar a medio plazo ¿Cómo resumiría el histórico de la gestión de residuos de nuestro país?

En España, la gestión de residuos, ni tampoco la gestión ambiental en general, han sido nunca una prioridad. En este sentido, la pertenencia a la Unión Europea ha sido el auténtico motor de transformación en esta cuestión. Hoy día, los objetivos a 2020 de la Directiva Marco de Residuos y los nuevos objetivos a 2030 del Paquete de Economía Circular (PEC) suponen retos notables que obligarán a importantes cambios en la gestión de residuos a nivel estatal.

¿Se presentan alcanzables las metas que se nos imponen?

Ni los objetivos a 2020 ni los objetivos a 2030 serán fáciles de alcanzar para España. La situación de partida es muy desigual entre Comunidades Autónomas y el escaso esfuerzo de algunas de ellas complica el desempeño conjunto.

¿Cuál es su valoración del PEMAR y de su vinculación con las conclusiones por ustedes extraídas en el seno de la Ponencia de Estudio del Senado?

Precisamente una de las principales novedades del nuevo PEMAR es que individualiza las responsabilidades de las CCAA, en el sentido de que les traslada la obligación de cumplir en su ámbito geográfico los principales objetivos establecidos en las Directivas europeas. Esto me parece positivo. Se me escapa en qué medida la ponencia influyó sobre el texto final del PEMAR, pero en gran medida fueron documentos elaborados de forma paralela en el tiempo.

Como uno de los mayores expertos, nacional y europeo, en fiscalidad aplicada a la gestión de residuos, ¿por qué cree que las diversas fórmulas que se conocen no llegan a implementarse o lo hacen de manera tímida o desestructurada, al menos en España?

A la hora de tomar decisiones, tanto los individuos, como las empresas, como las propias Administraciones, tomamos en cuenta multitud de criterios, pero qué duda cabe que entre estos uno de los más importantes es el económico.

En España es paradójico que hacer las cosas mal (p.e. verter o incinerar) tienda a ser más barato (a veces mucho más) que hacer las cosas bien (recogida selectiva y reciclaje). Esto es en gran medida porque los costes ambientales y sociales de las diferentes alternativas de gestión no están internalizados en los costes a los que hacen frente los usuarios, sino que con frecuencia son simplemente trasladados al conjunto de la sociedad. Esto es competencia desleal frente a otras alternativas ambientalmente más satisfactorias, que no generan estos costes. Y la forma de corregir esto es, o mediante normas que eviten ciertas conductas, o mediante impuestos que al menos en parte ‘internalicen’ estos costes.

En la UE hay unos 20 países con impuestos ambientales sobre el vertido de residuos, cuyo principal fin es encarecer esta forma de tratamiento. Por el contrario, en España esto no ha pasado de unas pocas experiencias autonómicas, si bien en el caso de Catalunya ya lleva en vigor desde 2004 y es un caso claro de éxito, que ha activado buenas prácticas por parte de los entes locales.

Enlazando con lo anterior, todos coinciden en que la prevención debería ser la piedra angular de cualquier esquema de gestión racional ¿Esta hermana pobre de la política de residuos tiene posibilidades reales de pasar a ser protagonista en algún momento?

Reducir los residuos es antisistema. Generar menos residuos implica producir menos bienes superfluos, distribuir menos productos, consumir menos, recoger y tratar menos residuos, descontaminar menos, generar menos puestos de trabajo, etc. Y todo esto no contribuye a hacer subir el PIB, y por ende es considerado algo negativo en este miope sistema económico del que todos participamos.

Que la prevención presida la jerarquía de los residuos en Europa desde hace décadas y que por el contrario no solo no se haya avanzado en esta materia, sino que por lo general se haya retrocedido, ilustra con dramática claridad el fracaso de la política comunitaria en materia de residuos. Esto puede ser matizado por los avances en materia de recogida selectiva y reciclaje, pero ello no quita que la gran asignatura pendiente sigue siendo la prevención.

¿Considera que el nuevo Paquete de Economía Circular dará ese protagonismo a la prevención?

De momento, los elementos cuantitativos que concreta el Paquete de Economía Circular –en forma de cambios sugeridos en diferentes directivas– no supondrán prácticamente avances en materia de prevención. El artículo sobre prevención incluido en la propuesta de revisión de la Directiva marco de residuos es una enumeración de buenas intenciones. La cúspide de la jerarquía de los residuos sigue siendo teoría. Otros aspectos del PEC, como la mayor importancia atribuida al ecodiseño, sí podrían suponer avances en prevención, pero es pronto para saber cómo se materializarán en medidas legislativas concretas.

Y hablando del PEC, ¿cómo valora el marco que la Comisión nos presentó a principios de diciembre?

En lo que se refiere a objetivos de reciclaje, el PEC sí supone un claro avance respecto de la situación actual, pero lo esperábamos más ambicioso. Cuando el PEC original fue retirado como parte de las primeras decisiones de la Comisión Juncker, así se prometió. Contrariamente, los objetivos concretos finalmente presentados han reducido su ambición. Y el único concreto que había sobre prevención (referido al derroche de alimentos) ha desaparecido.

Puerta a puerta

Catalunya lleva muchos años fomentando la recogida puerta a puerta (PaP) de residuos, incluida la fracción orgánica. Según un estudio en el que participó ENT, un modelo como este permite una fiscalidad más justa y alcanzar tasas de recogida selectiva superiores, mientras que sus costes de implantación y explotación serían semejantes a los convencionales de recogida en acera ¿Cuál es entonces el freno que presenta para que no se pueda incorporar en más territorios?

Hay cosas que funcionan y cosas que no funcionan, y si de recogida selectiva se trata, el modelo puerta a puerta funciona y bien. No hay sistema que se le pueda equiparar en cuanto a resultados. Y, como dices, como aspecto adicional permite llegar a cobrar la tasa de basuras de cada hogar en función de la generación real de residuos, no una cantidad fija como es hoy la práctica más habitual. Dicho esto, no es de extrañar que este modelo sea tan común entre los municipios europeos, particularmente de los más avanzados.

Respecto de los costes, yo siempre digo que los costes son relativos. Si verter los residuos cuesta 150 €/t (como no es raro en bastantes países europeos), reciclar es barato. Si verter los residuos cuesta 10 €/t, como aún se puede ver en algunos lugares de España, reciclar es caro.

Ahora en Catalunya hacer recogida puerta a puerta ya es más barato, porque tenemos una fiscalidad sobre el vertido y la incineración de residuos que empieza a ser decente. Esto no ocurre donde se permite que los precios del vertido no reflejen sus verdaderos costes ambientales y sociales. Con esto estoy diciendo la mayor barrera a una mayor adopción de la recogida puerta a puerta es económica. Póngase un impuesto alto al vertido y a la incineración y los sistemas eficientes de recogida selectiva aparecerán por doquier.

Por supuesto, también hay otras barreras a la recogida puerta a puerta (políticos temerosos de una posible oposición pública, técnicos que desconocen las particularidades del modelo, estructuras urbanísticas que lo hacen más complicado de llevar a cabo, etc.), pero a mi modo de ver son menos relevantes.

¿Considera el PaP factible en una gran ciudad o hay que considerarlo un modelo restringido?

En España aún no tenemos ejemplos de grandes ciudades con recogida puerta a puerta. Poco a poco irá cambiando. Sin duda, en estos contextos es más complicado, pero tenemos ejemplos en Europa que demuestran su posible viabilidad: Milán, Bruselas, Múnich, etc.

Hay quien lo considera demasiado intrusivo, al no permitir sacar la fracción orgánica a diario. En Gipuzkoa algunos decían, por ejemplo, que condicionaba hasta el menú de casa porque nadie iba a comer pescado el día que no puede bajar los restos ¿Lo ve exagerado?

Es cierto que la recogida selectiva puerta a puerta obliga a un cambio de hábitos, sobre todo a los ciudadanos que antes de la implantación no hacían recogida selectiva –que es justamente lo que explica el salto abrupto en los resultados alcanzados–. Pero una frecuencia de recogida de la fracción orgánica en días alternativos en mi opinión es del todo suficiente. En la mayoría de los alrededor de 200 municipios con recogida PaP en España se usa esta frecuencia o incluso inferiores, y se han demostrado suficientes.

El siguiente paso lógico a un modelo PaP debería ser el pago por generación, es decir, la aplicación efectiva de una fiscalidad justa ¿Esta sociedad está preparada para este paso?

Hay que reconocer que los sistemas de pago por generación –que normalmente se basan en recogida puerta a puerta mediante bolsas estandarizadas o cubos con chip–, aún suenan como ideas bastante nuevas en España. A veces incluso para los técnicos municipales de medio ambiente.

Creo que es cuestión de tiempo. Nadie concebiría pagar el agua, la electricidad o el pan mediante una tarifa plana; en cambio eso es lo que hacemos con los residuos. Individualizar el pago permitiría establecer incentivos a la recogida selectiva y a la prevención. Si no lo hacemos ya es simplemente por la falta de un contador. Con el despliegue de los modelos de recogida puerta a puerta, solo es cuestión de tiempo que los modelos de pago por generación se vayan también implantando.

En una reciente entrevista concedida al diario GARA abogaba por que la recogida selectiva fuese obligatoria y no dejarla a la voluntad de la gente. Pero, ¿cómo lo hacemos?, ¿penalizamos a quien no responda o bonificamos a quien lo haga mejor?; ¿no es una utopía pensar en estas fórmulas cuando los ayuntamientos no tienen estructura y medios suficientes para controlarlo?

Vivimos en sociedad y estamos rodeados de multitud de normas que tratan de ordenarla y prevenir conductas antisociales. Por alguna razón que se me escapa hemos decidido que en los residuos esto no funcione así, sino que en vez de hacer ordenanzas los Ayuntamientos hacen campañas. Bien están estas campañas, pero, ¿alguien se imagina que la DGT solo se basara en campañas, y no existieran el código de circulación, el monitoreo y las multas?

A mí me parece que deberían existir algunas normas también en el ámbito de los residuos, en particular, la de entregar los residuos selectivamente. Y que ello debería quedar explícitamente recogido en las ordenanzas municipales. Es cierto que su cumplimiento dependerá en parte del monitoreo existente, pero por lo pronto ya se da un primer mensaje sobre cómo deben hacerse las cosas.

Para finalizar, ¿cómo ve el panorama de la gestión de residuos dentro de 25 años en España?, ¿seguiremos “escapando hacia adelante”, justificando lo injustificable, o convergeremos en la deseada economía circular y los residuos se habrán convertido (al menos en parte) en recursos?

Que la política de residuos se vaya integrando más con las políticas de recursos creo que será positivo, pero ello nos pondrá de manifiesto cuán lejos está que nuestro modelo económico pueda llegar a ser circular. La gran mayoría de recursos que entran en nuestra economía o bien son materiales energéticos que se queman y por tanto no se circulan, o son materiales que se quedan por mucho tiempo dentro del sistema económico en forma de stocks (en edificios, infraestructuras, etc.). Bien está que tratemos de ‘circularizar’ el relativamente pequeño flujo de materiales del que se ocupan las políticas de residuos, pero pretender ceñir ahí el concepto de economía circular, y no ocuparse de los principales flujos entrantes en el sistema económico, parece casi una broma.

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Laboratorio de ideas sobre residuos

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