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“Es el plástico, estúpido”, nuevo libro de Joan Marc Simon, director de Zero Waste Europe

Artículo-reseña de Joan Marc Simon

En “Es el plástico, estúpido”, Joan Marc Simon, director de Zero Waste Europe, presenta propuestas sistémicas para rediseñar nuestra relación con el plástico y desvela lo poco que se sabe sobre la toxicidad de este material. En este artículo, Simon nos habla sobre el contenido de su último libro, y también reflexiona sobre el plástico y su uso en la crisis del coronavirus y lo que podría ser después del periodo de confinamiento.

¿Es el plástico realmente estúpido o los estúpidos somos nosotros? A fuerza de desventuras el ser humano ya es consciente de la paradójica relación que tenemos con este material. Se trata de esa relación con algo que sabes que te hace daño, pero al mismo tiempo no puedes vivir sin él. ¿Cómo gestionarlo?

Primero de todo, es importante dejar claro que este no es un libro de autoayuda sobre cómo vivir sin plástico. En el mercado ya hay varios textos que abordan esta temática y a mi modo de ver tratan básicamente los síntomas de un tema que es complejo y profundo. Es por esto que lo que pretende esta obra es tratar el plástico no de forma aislada o como reto individual, sino desde un punto de vista sistémico. Dicho de otra forma, qué papel juega el plástico en nuestra sociedad de consumo y qué medidas tenemos que tomar como sociedad para reducir el impacto negativo y mantener y aumentar, si cabe, el positivo.

En tiempos de crisis globales como la pandemia del COVID-19 o la emergencia climática, la crisis plástica es solo un síntoma más del reto al que nos enfrentamos y del cambio que se nos viene encima. Nadie puede predecir el futuro, pero lo que está claro es que, visto lo acontecido, tendrá poco que ver con el mundo en el que hemos vivido las últimas décadas.

El plástico ha sido uno de los catalizadores de la globalización y si el petróleo es la sangre del sistema está claro que sus venas están hechas de plástico. Y aunque parece que lentamente el mundo va dejando atrás los combustibles fósiles, no hay señales de que haya un replanteamiento sobre el material del que tienen que estar hechas dichas venas.

La pandemia actual pone de relieve hasta qué punto hemos interiorizado la narrativa plástica; cuando ha sido hora de protegernos del virus y del contacto con los otros la población global ha echado mano del plástico y su uso se ha disparado de nuevo. Según la evidencia disponible ni la crisis fue causada por culpa de no utilizar plástico ni este es el mejor material para protegernos del virus. No obstante, a pesar de no tener base científica alguna el acto reflejo ha sido refugiarse en lo que creemos que es seguro y uno de los comportamientos tipo ha sido volver al usar y tirar y abandonar las prácticas más sostenibles y seguras. De la misma forma que con la crisis climática, parece que el ser humano se resiste a cambiar sus hábitos por mucho que la ciencia alarme sobre el peligro de continuar por el mismo camino.

De la misma forma que en los 80 el slogan “Es la economía, estúpido” encapsulaba la estrategia de Bill Clinton para ganarse la confianza del pueblo americano, el plástico es algo que nos afecta a todos y en que todos somos actores y esto lo puede convertir en un instrumento para la transformación política y social. Esto explica el título “Es el plástico, estúpido” para poner de relieve que hay mucho más que el impacto del plástico sobre la fauna marina o sobre nuestra salud.

El libro consta de tres partes. En la primera parte se analiza qué es el plástico y como lo estamos usando hoy. Las verdades y mentiras sobre el reciclaje de este material y la ilusión de un sistema que pretende transformar residuos en recursos en lugar de priorizar que los recursos no se conviertan en residuos.

En la segunda parte se explica el impacto que tiene el uso de este material sobre nuestras vidas y el medio, con especial hincapié en lo poco que se sabe sobre la toxicidad del plástico. La falta de información e investigación sobre la relación entre plástico y salud ha sido sin duda una de las sorpresas durante la redacción de este trabajo.

Para los que ya estén hartos de oír hablar sobre la problemática del plástico se recomienda saltar directamente a la tercera y cuarta parte, en la que se identifica qué soluciones tenemos que tomar para tener una convivencia pacífica con él de forma que podamos beneficiarnos de sus ventajas sin tener que sufrir sus inconvenientes.

Por ejemplo, y tomando de nuevo la crisis del COVID-19, desde un punto de vista de eficiencia en el uso de los recursos, pero también de seguridad, los envases de plástico de usar y tirar de los supermercados ofrecen probablemente una de las mayores puertas de entrada de virus a nuestros hogares.

En el mundo post-coronavirus tendría que haber una transición hacia envases reutilizables, la propiedad de los cuales-y con ello la responsabilidad sobre su potencial impacto- no fuera ni del consumidor ni del vendedor o productor sino de una tercera empresa cuyo cometido consiste en proporcionar el servicio de envase más adecuado para el contenido, sin tóxicos y con total trazabilidad sobre su estado y situación. Este nuevo sistema de envases puede utilizar cualquier material, incluido el plástico, pero el cambio de paradigma radica en que el nuevo sistema ya no prima el precio por delante de la salud y la sostenibilidad. No se trata necesariamente de sustituir el plástico por otros materiales, se trata de implementar sistemas para poder vivir de la forma más sana y sostenible posible y que las empresas tengan los incentivos adecuados para dejar de colocar en el mercado productos que son potencialmente tóxicos, o pierden más el 95% de su valor después de ser usados una sola vez.

Finalmente, el libro cierra pintando como sería un día en un futuro no muy lejano en que lleguemos a usar el plástico de una forma que sea netamente positiva, aprovechando las virtudes de este material, pero desterrando todos los males que nos está dejando en el presente.

En resumidas cuentas, el libro explica que el uso que hacemos del plástico hoy en día no es el mejor ni para nosotros, ni para el planeta. El análisis de la evidencia disponible, buena parte de la cual la encontraréis documentada en este libro, solo nos permite constatar que ignoramos gran parte de los perjuicios. Y la parte de perjuicios que conocemos es suficientemente preocupante como para empezar a movilizarnos.

“Es el plástico, estúpido!” presenta propuestas sistémicas para rediseñar nuestra relación con el plástico para, no solo solucionar la contaminación plástica, sino también aprovechar esta transición para construir comunidades más sostenibles, democráticas y resilientes.

Publicado por

Laboratorio de ideas sobre residuos

Debate de ideas para el sector de la gestión de residuos

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