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¿Por qué la prevención de residuos sigue siendo la “hermana pobre”?

La sociedad ante la prevención de residuos

Hace exactamente un año, desde LIR lanzamos el artículo titulado “Prevención de residuos: ¿La hermana sigue siendo pobre?”, que a su vez hacía referencia a otra reflexión que iniciamos en 2015 sobre esta cuestión.

Ahora, apoyándonos en la realidad subyacente, nos preguntamos por qué la prevención de residuos sigue en esta situación de inferioridad y por ello abordamos algunas cuestiones que pudieran revelar las carencias verdaderas a las que habría que sobreponerse para avanzar en esto que parece una utopía. En definitiva, queremos saber por qué cuesta tanto que la prevención cale social y económicamente en nuestro sistema de bienestar.

Sabemos que cada año se avanza más en el día de sobrecapacidad de la tierra. Cada vez más científicos nos alertan sobre el colapso de los materiales, tal como nos comentaron en una entrevista Antonio y Alicia Valero titulada “La economía circular es un concepto ilusorio pero necesario”, que publicamos en 2018.

Sabemos que la prevención, la supuesta base en la jerarquía de residuos sobre el papel (pero no de nuestra realidad), que debería ser altamente promovida por las administraciones públicas y que se debiera seguir desde el contexto privado, público-privado o asociativo para llevarla a cabo, únicamente suele invocarse para flujos muy determinados y no mayoritariamente socializados.

La sociedad del mercado del usar y tirar

Efectivamente, existen barreras que nos impiden siquiera acercarnos a lo que debería ser la esencia de la economía del bienestar. La principal, los fundamentos del propio sistema económico que nos interesa mantener. ¿O acaso no podríamos ser igual de felices con menos?

En 1955, Victor Lebow, economista norteamericano, en un artículo titulado “The Nature of Postwar retail competition” escribió: 

Nuestra economía enormemente productiva pide que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos la compra y uso de los bienes en un ritual, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, nuestra satisfacción del ego, en consumo… nosotros necesitamos cosas consumidas, quemadas, reemplazadas y descartadas a paso acelerado”.

En esta frase se resume perfectamente la definición sobre la que se sustenta la economía tal y como está concebida generalmente a lo largo y ancho del planeta, y más cuanto más aguda es la globalización. Vemos que el consumismo se convierte en la base sobre la cual opera el sistema productivo, logístico y no atiende a las externalidades ambientales que genera

Se focaliza en cómo generar hábitos consumistas. Más allá, se extiende el abismo y nosotros somos cautivos y a la vez cómplices de estos intereses que no miran atrás y minimizan sus repercusiones con eslóganes vacíos y promesas incumplidas. Pensemos también en qué parte de culpa tienen los sistemas de responsabilidad ampliada del productor y cuál es su interacción con el cliente. Y lo que es más importante, cómo le exigirá la nueva ley de residuos el cumplimiento efectivo de sus obligaciones.

Otra crítica velada al afán consumista se puede extraer del monólogo “Choose life” del film Trainspotting 2: “elige bolsos, elige zapatos de tacón alto, lana de cachemir y seda, para sentir cómo se supone que se es feliz”, apelando a la relación entre el consumo y la felicidad. Se trata, a día de hoy, de un binomio a veces inseparable que la oferta y el marketing se encargan de potenciar, más allá de la capacidad y poder adquisitivo del destinatario.

El sistema económico genera así unos estilos de vida en los que, en las últimas décadas, además, se ha desarrollado una tendencia a vivirlo todo desde la inmediatez. Todo rápido y ya. De hecho, existen bastantes anuncios publicitarios focalizados en esta idea: lo quiero, lo tengo. 

Sin darnos cuenta, respondemos a estímulos automatizados que luego podemos justificar muy fácilmente desde la autocomplacencia, y precisamente porque todo va demasiado rápido y donde estas pautas de consumo nos resuelven las necesidades o dificultades del día a día.

Es decir, que muchas de nuestras compras ya no solo se satisfacen por puro ego, sino también por necesidades que el entorno promueve, más preocupante si lo focalizamos sobre los hábitos de comprar-usar-tirar. Porque, seamos claros, la prevención de residuos y, por ende, la dinámica de los consumos que realizamos, requiere de una reflexión sobre cómo cambiar esa sistemática automatizada, una observación y búsqueda de alternativas para cambiarlos y un entorno que favorezca estas adaptaciones y basadas en el conocimiento y la educación (y no solo para niños) para que pueda ser llevada a cabo.

La responsabilidad de las empresas

En este sentido, urge la necesidad de promover y garantizar que las nuevas industrias tengan en cuenta el ecodiseño. Y que las que así lo contemplen, revisen todos los procesos en los que puedan reducir la generación de residuos, así como asegurar futuros procesos de reutilización y reparación. 

En este sentido cabe señalar que la propuesta de Reglamento sobre ecodiseño para productos sosteniblesestablecerá requisitos de diseño ecológico para grupos específicos de productos con el fin de mejorar significativamente su circularidad, rendimiento energético y otros aspectos de sostenibilidad medioambiental. Permitirá establecer requisitos de rendimiento e información para casi todas las categorías de productos físicos comercializados en el mercado de la UE con algunas excepciones notables, como los alimentos y los piensos.”. Al pasar de tener una Directiva a un Reglamento, este nuevo marco legal será de obligado cumplimiento por todos los países de la UE, sin pasar por la transposición de cada Estado Miembro. 

¿Y en qué consistirán estos requisitos?:

El marco permitirá establecer una amplia gama de requisitos, incluidos los relativos a:

  • la durabilidad, reutilizabilidad, actualización y reparabilidad de los productos;
  • la presencia de sustancias que inhiben la circularidad;
  • la eficiencia en cuanto al uso de energía y de recursos;
  • el contenido reciclado;
  • la remanufacturación y el reciclado
  • la huella de carbono y la huella ecológica;
  • los requisitos de información, incluido un pasaporte digital de productos, proporcionará información sobre la sostenibilidad medioambiental de los productos.

Si realmente se aplican estas medidas, supondría un gran cambio en las reglas de juego del mercado, un serio impulso a la circularidad y grandes ahorros energéticos en un momento en que este asunto es preocupación de todos.

A la par, también resulta importante fortalecer y empoderar la recurrente responsabilidad ampliada del productor, de manera que los productos puedan volver a reutilizarse en el propio lugar en el que han sido concebidos: una especie de devolución-retorno a nivel industrial. Finalmente, sería estratégico generar modelos y políticas que frenen la obsolescencia programada, tal y como recoge por ejemplo la Ley contra el despilfarro y la economía circular de Francia en su título V, aplicando un índice de reparabilidad y durabilidad.

Iniciativas para la prevención en el ámbito de la reparación

En este sentido, cabe destacar distintas iniciativas que se generan tanto a nivel global, como los Repair Café, como local y promovido por el Área Metropolitana de Barcelona, como Millor que Nou, para buscar y aprender a reparar; o de iniciativas de economía social y solidaria que abogan por la recuperación para la reutilización y reciclaje, como las que engloba AERESS en España y muchas otras que tratan de buscar alternativas para lograr hacer de la prevención y sus múltiples ventajas sociales, económicas y ambientales, una realidad que resulte cada vez más familiares y accesibles. 

Tampoco debemos olvidar a los reparadores de barrio, que no solo son capaces de arreglar y devolver a la vida multitud de objetos para que podamos seguir usándolos, sino que contribuyen a seguir generando economía de proximidad, empleo y confianza.

Pero hay que ser honestos: a la reutilización se accede a menudo por falta de medios y la reparación se descarta por la barrera que supone la falta de estímulos económicos. Así de claro lo recoge la noticia del mes de abril de 2022 del propio Parlamento de la UE en relación al “derecho a reparar”:

El 77% de los consumidores, según una encuesta del Eurobarómetro, preferirían reparar sus dispositivos antes que sustituirlos por unos nuevos. Sin embargo, tienen que comprar otros o tirarlos, debido a los costes de reparación y a la falta de los servicios prestados.”

Además, como ya hemos señalado, la prevención de residuos, a pesar de ser la base de la jerarquía de residuos, una jerarquía desconocida para la mayoría de la gente y que convendría socializar para poder comprender fácilmente muchas cosas,  sigue sin ser realmente apoyada por instrumentos económicos legales que realmente podrían darle el empujón necesario. 

Mientras tanto, el Parlamento europeo ha demandado a la Comisión de la UE una ley que empuje el marco legal a la reparación con las siguientes propuestas. Se supone que a final de este año la Comisión debería tener una propuesta preparada al respecto. En su propuesta del derecho a reparar, los europarlamentarios proponen:

  • Requisitos para diseñar productos que sean más duraderos y se puedan reparar con seguridad, y que sus piezas sean fáciles de retirar.
  • Normas armonizadas para la información al consumidor en el punto de venta, incluidas las “puntuaciones de reparación”, la vida útil estimada, las piezas de recambio, los servicios de reparación, así como la disponibilidad de actualizaciones de software.
  • Un posible mecanismo de responsabilidad conjunta entre el fabricante y el vendedor.
  • La introducción de requisitos de durabilidad y reparación en una futura directiva de diseño ecológico.

Entre la percepción y la realidad

Sin embargo, la misma lentitud en aprobar marcos legales que potencien y transformen dinámicas hacia la reparación o la reutilización -incluyendo también mecanismos como el de fin de condición de residuos para más flujos de materiales- indica tanta miopía como fortaleza de determinados lobbys, que parecen no querer afrontar un hecho claro: la cada vez mayor escasez de materiales. Una escasez que ha empezado a ser evidente en el sector del automóvil, en el que faltan semiconductores y otros componentes, y que hoy día hace que el mercado de segunda mano conozca un auge sin precedentes. Otra vez es la necesidad la que aprieta y la que superará, como en muchos otros aspectos, los ejercicios de regulación de los Estados y la UE.

Así pues, percepciones, realidades sociales y falta de recursos se entrecruzan. Mientras tanto, se siguen generando ingentes cantidades de residuos innecesariamente por falta de valentía política y por la carencia de información y comprensión de parte de los ciudadanos. Nos explicamos. Esta limitación tiene un sentido: no vemos qué ocurre con aquello que desechamos, a no ser que se tenga una sensibilidad ambiental desarrollada. Desechamos las cosas y no se conocen, o no quieren conocerse, las consecuencias que esto tiene para el medio ambiente y nuestra propia salud. Porque no se percibe como algo propio ni que vaya a afectarnos directamente, quizá también porque los mensajes para consumir que nos inundan no quieren que lo veamos.

La R más olvidada de todas: Rechazar

Aunque no lo tengamos incorporado todavía en nuestro ADN de consumidor, la posibilidad de elegir y rechazar es una herramienta que depende exclusivamente de nuestra voluntad y empatía con factores como, en el caso que nos ocupa, la coherencia ambiental.

Es duro sobreponerse a la oferta, en ocasiones vinculada al precio e incluso al reclamo de la felicidad, pero convendría pararse unos minutos y sopesar lo que supone un envase superfluo, una prenda de escasa vida útil, o simplemente algo que no teníamos pensado adquirir en ese momento.

Y a veces cuesta decir que no por aquello de que si es gratis para qué rechazarlo. Sin embargo, hay gestos cotidianos que con un simple “no gracias” evitarían bastantes impactos. Por ejemplo, cada vez que, en un comercio, sea una farmacia o dónde sea te pregunten “¿Quieres una bolsita?”, con rechazarla bastaría.

La generación de esa conciencia hacia la prevención es algo que hay que seguir trabajando, porque somos los consumidores los responsables del último paso, es decir, de que esa compra se convierta en algo innecesario y, por tanto, susceptible de transformarse en un residuo, habiendo ayudado, previamente, al agotamiento de recursos.

Conclusiones

La falta de implicación en la prevención es multifactorial y la responsabilidad no solo recae en los ciudadanos sino también en administraciones, empresas y cualquier tipo de entidad que trabaje con materiales: es decir, por parte de la sociedad en su conjunto.

Individualmente es importante poner de nuestra parte. Ya no es suficiente justificar nuestra contribución a la causa con el “yo reciclo”, sino que hay mucho más detrás de esto, comenzando por evitar la generación de esa carga ambiental al planeta. Una carga de la que la naturaleza sabrá reponerse pero que no entendemos que a quien más daña es a la especie humana. El hecho de decir “es bueno para el planeta” en realidad debería traducirse como “es bueno para nosotros”. La naturaleza tiene una capacidad de resiliencia mucho mayor que los humanos, lo cual constatamos durante la pandemia.

Sin embargo, las administraciones públicas y los legisladores deben ser capaces de exigir a las empresas que se hagan cargo de su responsabilidad ampliada del productor, al fin y al cabo, son ellos los que trasladan sus bienes al mercado, de manera que, además, mucha de la irresponsabilidad de las empresas es luego absorbida por la administración pública, quien debe hacerse cargo, con medios más bien escasos, de la gestión de los residuos que ellas generan.

Y más conciencia en acción para empezar a revertir tendencias de consumo muy a menudo basadas en la insatisfacción de las personas. Así pues, podríamos empezar por hacer extensiva esta Semana Europea de Prevención de Residuos a todo el año y a todas nuestras decisiones.

Publicado por

Laboratorio de ideas sobre residuos

Debate de ideas para el sector de la gestión de residuos

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